Contemplando a la Inmaculada del Seminario descubrimos que sus manos están cruzadas modestamente, parecen expresar que guardan en lo más profundo de su corazón nuestras oraciones, nuestras confidencias, nuestros trabajos, nuestros sufrimientos. Todos nosotros somos de María, totus tuus; y nos lleva en su corazón.

Al mirar los ojos de la Inmaculada, humildemente entornados, recogidos, nos evocan cariño, mansedumbre, dulzura, serenidad, misterio; asimismo, nos parece visualizar las almas que se nos encomendarán, la urgencia de la evangelización, la necesidad de transmitir esperanza, la abundante mies que cada sacerdote encuentra en las distintas misiones que recibe.

Sus labios parecen susurrar la palabra oportuna, el consejo acertado, el reproche debido, la exigencia amorosa.

El semblante es dulce y firme, transparente, veraz, hermoso.

Cada año, los seminaristas del último curso se consagran a la Virgen ante la bella imagen de la Inmaculada del Seminario.

Durante los años de formación han sido muchos los momentos en que han mirado a esta imagen, han hecho silencio, han rezado, han escuchado, han contemplado las maravillas de Dios en la Santísima Virgen. Saben que pronto Dios realizará en ellos la maravilla de concederles el don del sacramento del orden sacerdotal.

Para el acto de consagración se congrega el curso en torno a la imagen de la Inmaculada, en su capilla. Cada uno pronuncia su nombre y reza con las palabras de consagración que han preparado para este momento. Terminado el acto el documento de consagración se deposita en el interior del pedestal de la Inmaculada. Su vida de seminaristas y su futuro ministerio se pone a los pies de la Virgen para que cuide a estos hijos sacerdotes.

El resto de seminaristas, acompañado por los formadores, contempla con emoción a los hermanos mayores depositando sus anhelos más profundos ante la Inmaculada, al mismo tiempo que suspiran por vivir ellos mismos este momento de gratitud por las gracias recibidas durante su formación y pedir fidelidad para el ministerio sacerdotal que han de recibir.

Con el trascurso del tiempo, la visita al Seminario es siempre ocasión para recordar este bello momento de la consagración, ¡cuántas vivencias evoca este momento! El primer documento de consagración conservado corresponde al año 1958, que como consta en el escrito coincide con el centenario de la aparición de la Virgen en Lourdes. La mayoría de textos recoge la fecha de la consagración, alguna referencia histórica relacionada con el año de la consagración, la firma de cada seminarista del curso y un texto elaborado por cada promoción de acción de gracias, de súplica, de encomienda a la Santísima Virgen.

¡María Inmaculada conceda la fidelidad a todos los consagrados!